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La preocupante proliferación de facultades

La Odontología enfrenta una problemática que tiene varias manifestaciones tácitas, una evidente superpoblación de profesionales, falta de demanda y una gran deficiencia en la enseñanza de calidad. Es duro decirlo, pero el presente de la Odontología es bastante triste.

Vivimos una evidente pauperización de la profesión: la avalancha de desempleo crece, las cadenas de clínicas están desplazando a los odontólogos independientes —reduciendo a los profesionales a sueldos denigrantes y a la explotación laboral— y la formación de nuevos odontólogos se ha vuelto un lucrativo negocio.

Hace 20 años, los odontólogos éramos un tipo especial y escaso de profesionales. Muy bien remunerados, trabajábamos de manera independiente en nuestros consultorios y los pacientes buscaban nuestros servicios para recibir atención personalizada. Como profesionales, teníamos un valor especial para la sociedad: nos habíamos ganado el prestigio con el sudor de la frente, el conocimiento de los procesos, de los biomateriales y equipos, y, por supuesto, con la destreza de nuestras manos.

Recuerdo que cuando en los años 80 aspiré a estudiar en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, éramos algo más de 350 aspirantes y solamente se permitía el ingreso de 60 nuevos alumnos. Me sentí un ser especial como uno de esos pocos que empezamos esta aventura en enero de 1982: pude entrar a estudiar en la universidad que soñaba por mis calificaciones de la secundaria y por mi excelente promedio en las pruebas del estado. En esa época, solamente había en Colombia 10 facultades o escuelas de Odontología y el derecho a estudiar se obtenía de manera legítima, mediante exámenes de admisión, entrevistas y pruebas del Estado. ¡Cuánta falta hace todo esto en la actualidad, una actualidad muy diferente!

Las estadísticas son aterradoras: actualmente hay más de 40 programas de educación superior en Odontología en Colombia y anualmente se titulan más de 2.500 profesionales. La concentración más grande de odontólogos está en las grandes ciudades, siendo Bogotá la de más alto índice con alrededor de 27.000 profesionales censados. Se calcula que en Colombia hay unos 60.000 odontólogos titulados, de los cuales unos 40.000 ejercen la profesión. Cifras que rayan en lo escandaloso y que han llevado a una deplorable situación, reflejada en una avalancha de rebajas de tarifas, regalos y promociones que han desembocado en una triste realidad que yo llamo la Guerra del Centavo.

Muchas escuelas o universidades son responsables de esta realidad. No les importa la formación académica de los aspirantes, solamente que puedan pagar sus matrículas y los insumos o materiales requeridos por los programas a los que ingresan.

La excesiva oferta de profesionales ha resultado en una competencia desleal en las tarifas ofrecidas, que rayan en publicidad engañosa. Esto a su vez expone a la población a servicios odontológicos que podrían incumplir con las normas mínimas de bioseguridad.

Espero que este artículo capte la atención de las autoridades de salud y de educación, de los profesionales, de la sociedad en general, sobre la magnitud de esta crisis y sus grandes implicaciones en el futuro de la Odontología.

Lo que la lógica nos recomienda es hacer un análisis a fondo y tomar decisiones radicales para desmontar esta industria productora de odontólogos. La salud oral de la humanidad no va a mejorar con el aumento de la población de odontólogos, sino incrementando la calidad académica y el ejercicio ético de quienes dedican su vida laboral y académica a esta hermosa profesión

Fuente: www.dental-tribune.com